Roberto Muñoz


 ¿Cómo fue tu encuentro con el tatuaje polinésico?

En 2018, después de un par de viajes a Europa tatuando walk-ins y algunos de mis flash, regresé a Chile muy motivado. Pasé un tiempo en Santiago con la idea de salir de la ciudad nuevamente, hasta que surgió la posibilidad de ir a Rapa Nui por una temporada. Esa temporada finalmente se terminó extendiendo a casi cuatro años viviendo en la isla.

En ese momento yo ya llevaba un tiempo viajando y sosteniéndome gracias a un tatuaje más “comercial”, pero vi en ese viaje una oportunidad muy clara para comenzar un estudio serio del tatuaje tribal. Tenía la fuerte intuición de que algo importante podía salir de esa experiencia. Llegué con la idea de tatuar, pero también con la disposición de hacer cualquier otro trabajo o pequeño negocio que me permitiera mantenerme mientras lograba instalarme tatuando.

Estando allá, esa intuición se reforzó muchísimo. Desde que puse un pie en la isla sentí el peso de la cultura: los símbolos están por todos lados. Donde mires hay arte, formas, historia. Es un lugar muy misterioso, con una energía única y con relatos de vida muy duros que en Chile muchas veces se desconocen.

Desde los primeros días comenzó mi encuentro real con el tatuaje polinésico. Paseando por Hanga Roa o por la playa de Anakena es muy común ver gente tatuada con piezas increíbles que a cualquier amante del tatuaje le vuelan la cabeza. Poco a poco empecé a reconocer patrones, figuras, composiciones y también diferencias entre los estilos de las distintas islas, y eso despertó una curiosidad muy profunda en mí.

¿Hubo alguien que te enseñara este estilo y, si es así, cómo fue el aprendizaje?

Al llegar a la isla tenía un contacto que había conocido en Santiago, un chileno que tatuaba hacía tiempo en Rapa Nui. Pero su recepción no fue lo que esperaba y rápidamente me di cuenta de que encontrar un estudio donde trabajar sería un poco más difícil. Siempre se hablaba de que los rapanui eran bastante cerrados y que no querían mucho a los chilenos, y yo llegaba con ese prejuicio también.

En el pueblo todos hablaban de los marquesianos, que eran considerados los reyes del tattoo en la isla: Teku y Diego Kohu. Ellos eran primos de un chico tahitiano, Liwai, que yo había conocido años antes trabajando en una tienda en Santiago, en el Eurocentro. El dueño de esa tienda tenía vínculos con Rapa Nui y solía traer tatuadores polinésicos a trabajar ahí, y dio la coincidencia de que Teku y Diego habían pasado por ese lugar.

Ellos tenían muchísimo trabajo, pero aun así me acerqué con mucha humildad. Yo ya llevaba varios años tatuando, pero me ofrecí para ayudar en el estudio en lo que fuera, siempre con la intención de aprender de su tatuaje. Ellos trabajan exclusivamente patutiki, que es el estilo de las Islas Marquesas.

Como Rapa Nui es un lugar muy turístico, mucha gente quiere tatuarse algo para llevarse un recuerdo del lugar. A veces pedían cosas que ellos no hacían: una palmera, un pequeño moai, algún símbolo rapanui o una tortuga pequeña. Yo empecé haciendo ese tipo de tatuajes mientras paralelamente comenzaba a dibujar patutiki.

Siempre lo hice con mucho respeto. Al principio incluso me daba un poco de miedo hacerlo, porque sentía que lo que estaba viendo era otra dimensión del tatuaje. Todo era muy orgánico, sin mucha parafernalia: tatuando a pie descalzo, siempre con una sonrisa.

Aprendí muchísimo observando el proceso: cómo hacían el freehand, cómo construían mangas completas con línea fina y diseños muy intrincados. Poco a poco empecé a entender la composición, los cortes en el cuerpo y el significado de los símbolos.

Ellos fueron muy abiertos y generosos conmigo. De hecho, los primeros tatuajes polinésicos que hice fueron porque ellos mismos me animaron a hacerlo. Para mí era una gran responsabilidad, y así me lo tomé.

Pero si hay algo que realmente aprendí de mis amigos marquesianos, más allá de la técnica o el estilo, fue la forma en que se toman la vida y el tatuaje: con mucha más calma, libertad y simpleza.

 ¿Nos podrías hablar de los distintos estilos polinésicos que existen y en cuál te especializas tú?

Como mencioné antes, lo que hago es tatuaje marquesiano. Las Islas Marquesas son un archipiélago de la Polinesia, y su estilo de tatuaje se caracteriza por bloques negros sólidos muy potentes y composiciones muy fuertes.

Dentro del tatuaje polinésico existen distintos estilos que provienen de diferentes islas y culturas: samoano, maorí, tahitiano, marquesiano, entre otros. Cada uno tiene su propio lenguaje visual, sus símbolos y su forma particular de componer el cuerpo.

En el caso del estilo marquesiano también existen distintas aproximaciones. Hay una línea más tradicional, basada en bloques negros sólidos y composiciones muy directas, que es la que personalmente más me interesa. Pero también existe un estilo marquesiano más refinado y moderno, donde aparecen sombras, degradados y fusiones con otros estilos contemporáneos del tatuaje.

A mí me atrae más el enfoque tradicional, por la fuerza gráfica que tiene y por la conexión más directa con el lenguaje original de este tipo de tatuaje.

En forma general, ¿Cómo es el tema de los significados y cómo se aplican en los diseños?

En este aspecto me llevé una gran sorpresa. Estudiando el estilo me di cuenta de que hay cierta similitud con el tatuaje tradicional americano, aunque no es algo tan evidente a primera vista.

Cada composición es distinta y se adapta a la anatomía de la persona, pero existe una gran serie de símbolos preestablecidos que se pueden reinterpretar y reestilizar para darles una impronta más personal dentro del diseño.

También, dibujando mucho, comencé a notar que ciertos símbolos o cortes encajan en lugares específicos del cuerpo de una manera muy natural. Al trabajar en freehand uno termina entendiendo por qué ciertas figuras van en determinados lugares y no en otros.

Los significados suelen estar relacionados con conceptos como protección, linaje, sabiduría, longevidad, hogar o familia. Son ideas simples en esencia, pero profundamente ligadas a la cosmovisión de cada pueblo.

¿Cómo es la composición en el estilo polinésico?

El patutiki tuvo un cambio importante en algún momento de su historia, especialmente con la llegada de los europeos. Antes existía un estilo más detallado e intrincado, pero con el tiempo se transformó hacia estos bloques negros sólidos y muy potentes.

La composición suele mantener cierta simetría, equilibrando los bloques negros con patrones y figuras circulares que muchas veces el mismo músculo o la forma del cuerpo sugieren.

Hoy también existe más libertad dentro del estilo. Hay artistas que han sabido modernizarlo, creando composiciones muy complejas con sombreados y líneas finas increíbles.

¿De qué manera ha recibido la gente este estilo?

Personalmente me haría muy feliz poder tatuar solo tribal, ya sea patutiki u otros estilos polinésicos, pero en la práctica no siempre es así.

A veces llega algún cliente que ha visto mi trabajo y logra notar la diferencia entre lo que hago y lo que hace otra gente que simplemente copia diseños de internet sin un estudio detrás. Pero todavía son pocos.

De todas formas, hoy en día se empieza a ver un renacer del tatuaje tribal, y espero poder llegar a tatuar mucho más de este estilo y conectar con personas dispuestas a confiar en el proceso.

¿Qué es lo que más te ha impresionado de este estilo?

Lejos, el impacto visual que tiene. Es un estilo muy potente.

También el trabajo en freehand y la improvisación del momento. Cada tatuaje se construye directamente sobre el cuerpo, lo que hace que cada pieza sea única.

De alguna forma termina funcionando como una armadura. Un tatuaje hecho a medida para cada persona. Para mí es un tatuaje para guerreros.

 ¿Cuál crees que es el mayor aporte de este estilo para quienes buscan un tatuaje con significado?

A través de los símbolos se puede construir una especie de historia que represente a la persona, a sus seres queridos o a su entorno.

En ese sentido puede volverse un tatuaje muy significativo y personal.

9. ¿Qué consejo le darías a alguien que quiere hacerse una pieza grande sin experiencia previa?

Primero que todo, elegir a la persona indicada para hacer el tatuaje y estar dispuesto a confiar en el proceso.

Muchas veces es un proceso largo, pero finalmente termina siendo muy gratificante.

¿Nos podrías hablar de tu proyecto “The Bad Citizen”?

El Mal Ciudadano es un proyecto que todavía está en construcción y que nace de la mezcla de dos de mis grandes pasiones: el tatuaje y las letras.

Escribir siempre ha sido algo que me ha interesado mucho, aunque durante mucho tiempo fue una inquietud que mantuve un poco oculta.

La idea es poder aportar al tatuaje también desde ese lugar, creando una especie de archivo donde se pueda hablar de tatuaje y de otros oficios con más profundidad, alejándose un poco de la rapidez y las exigencias de las redes sociales.

Siento que vivimos en una época donde muchas veces la gente se queda solo en la superficie de las cosas. El Mal Ciudadano nace con la intención de ser un medio escrito abierto, no necesariamente masivo, sino más bien un espacio para quienes realmente tengan interés en estas conversaciones.

No hay grandes expectativas comerciales detrás, más bien es un proyecto que busca crear un lugar donde estas ideas puedan existir con más calma y profundidad.

 ¿Cómo ha sido tatuar en Puerto Montt y cómo te puede encontrar la gente?

Cuando regresé a Santiago en 2022, después del estallido social y la pandemia, venía de pasar casi cuatro años en Rapa Nui, muy conectado con la naturaleza y el mar. El contraste fue fuerte, así que decidí venir al sur a recorrer un poco.

Un amigo cercano estaba viviendo en Puerto Montt y llegué como guest a un estudio del Buen Chico Ibarra, un tatuador de acá a quien respeto mucho.

Después de un tiempo empecé a hacer clientes y me di cuenta de que acá se podía vivir tranquilamente: cerca del mar, viendo los barcos y rodeado de una naturaleza muy potente. He tatuado a mucha gente de mar, marinos mercantes, y al comienzo también hice bastante walk-in.

Si bien el tatuaje está pasando por una especie de crisis global, decidí jugármela y abrir mi propio estudio. De eso ya han pasado cuatro años.

El buen viaje sigue resistiendo, con altos y bajos, pero aún en pie.

Hoy me pueden encontrar en mi pequeño estudio en pleno centro de Puerto Montt, a una cuadra de la costanera. O 

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